viernes, 2 de octubre de 2009

Fantasmas

Grifos que se abrían, picaportes que se movían sin ninguna explicación, golpes inesperados en las ventanas, sensaciones de presencias nocturnas, susurros in entendibles y alguna que otra cosa extraordinaria, eran las que sucedían en mi casa en la década del 80. Por aquel entonces yo era un chico y bastante miedoso, como todo chico. Mi madre afirmaba que era el espíritu de mi padre que merodeaba, quien sabe porque mundo paralelo pero no muy lejano, ya que le permitía acceder a este plano del universo. También, para tranquilizarme, me aseguraba que no debía temerle a estos acontecimientos.
A mí…estas explicaciones no me contentaban en lo mas mínimo, mi miedo estaba por encima de cualquier razón.
Intentamos rezando, negando cada suceso, demostrando indeferencia y hasta se presentaron dos curas a bendecir la casa. Pero nada detenía aquellas anormalidades; Así como tampoco, nada detenía mi miedo.
Al cumplir los 8 años de edad las cosas raras desaparecieron como por arte de magia, así como habían sucedido, dejaron de suceder, como también dejo de someterme el miedo.
Crecí creyendo fehacientemente en fantasmas, estudie, trabaje, tuve muchas novias, me separe de todas ellas, pero siempre creyendo en fantasmas, aunque nunca hubiese visto uno cara a cara.
Me fui poniendo viejo y descubrí que existen espectros aun más temibles que cualquier ruido inexplicable. Estos hacen ruido y nos acompañan casi de por vida. El aspecto de estos espíritus es horroroso, pero lo peor es su perseverancia en nuestro camino. Son tenaces como un deportista buscando la gloria del record. Nos carcomen desde el interior hacia fuera, intentando hacer de nosotros una implosión contundente y absoluta. No conocen la piedad y nos atacan sin misericordia en cualquier momento, no importa el día o el lugar, no importa si estamos solos o en compañía, nada los detiene.
Ni con la parasicología, ni con la ciencia se los puede enterrar, nos exaltan invadiendo nuestros sueños y nos golpean lenta, pero efectivamente.
Lo intente todo y fue inútil. Ni las drogas los hicieron desaparecer.
Anhelo los ruidos de la casa de mi infancia, eran mas condescendientes y me estremecían en menor medida.
Hoy llegando al final del camino, les encontré una falla a estos fantasmas, todo tiene su talón de Aquiles, y yo lo descubrí. Existe solo una manera de vencerlos y mandarlos al otro mundo, al peor de los mundos, al mundo del olvido, y es, dándole la espalda, pase lo que pase bajo ninguna circunstancia, hay que volver la vista atrás, porque es ahí donde adquieren poder. Dando la espalda y poniendo la vista en el horizonte, es la única manera de matar los malos recuerdos para enterrarlos en la tierra del olvido.