martes, 30 de noviembre de 2010

Del Templo

Existe un “lugar” lejano, muy lejano, inabordable por momentos. Dentro de ese lugar existe un templo casi perfecto en su arquitectura y confort, dentro del templo existe una habitación mas que perfecta, tiene una sola entrada, y una sola salida, la misma abertura cumple ambas funciones. Aquel que ingresa no sufre ni del hambre ni de la sed, no tiene necesidad alguna, pero por sobretodo, se siente seguro. Es una habitación inanimada, pero a la vez revolucionaria. El color de las paredes varía según los testimonios, al igual que la cantidad de ventanas o la ausencia de estas. Pero en lo que coinciden todos los relatos es que cuando uno ingresa, pierde el deseo de salir de aquel lugar para siempre. Quizas por la sensación de seguridad, quizas por el confort quizas porque no hay posibilidad de retorno debido a la unilateralidad que prevalece en aquella habitación. Solo pueden escapar de este sitio, aquellos que no eligen la comodidad, ni el confor, ni el placer. Ni siquiera hay que poseer el don de la valentía .Solo puede huir, aquel que elija cuestionar, aquel que elija oir otras voces, aquel que elija crecer……..

Fanático= sustantivo fanum = templo, perteneciente al templo, protector del templo.

Dedicado a mi hermana, Angles B.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Juicio a los Reyes Magos

El 16 de marzo de 2002, a pocos días de finalizada la feria judicial y a un año de haber asumido como juez de la nación, cobre venganza sobre estos tres tipos. En nombre de miles de chicos damnificados durante siglos y en nombre de mi rencor, el pleno uso de mis facultades mentales y por el poder que se me otorgo, no hice justicia, solo me vengue. Pero para comprender el presente y mi ira, debo explicar mi pasado.
El 05 de enero de 1982, ejerciendo mi derecho de niño crédulo y con ilusión, escribí una carta a Melchor, Gaspar y Baltasar, más conocidos por todos, como los reyes magos. En aquella carta, solicitaba expresamente que se me otorgue una bicicleta, de color a elección de los magos, así como también marca y modelo. La misma debía ser entregada a mi nombre, el día 6 de enero del mismo año, por la mañana, en la dirección en la cual residía.
Cumplo en informar, que no solo no se me entrego dicho rodado, si no que a cambio, recibí un par de medias de la tela, que se conocen bajo el nombre de tela toalla, de color bordo.
Este desafortunado hecho, marco mi infancia y el resto de mi vida. Y estoy en posición de aseverar, que dicho daño colapso mi fe.
Lo que no fue colapsada, fue la mala intención, el sadismo y la maldad de estos tres sujetos, ya que esta situación, se reitero en varias oportunidades, hasta llegar a la edad de 12 años, año en el que decidí, por voluntad propia, no escribirles nunca más. Sabiendo que el destino, estaría de mi lado en algún momento, y hoy, es ese momento.
Por lo antes expuesto, declaro a los acusados: rey Melchor, rey Gaspar y rey Baltasar, culpables de los cargos de enriquecimiento ilícito, malversación de fondos, daño moral, emocional y espiritual a millones de niños a lo largo de la historia.
Expresado el veredicto, los condeno a: 1º- Inhabilitación de por vida del titulo de reyes.
2º - Se les prohíbe tener contacto con cualquier persona menor de 10 años, bajo todas las formas existentes, sea visual, táctil y por sobre todo en forma epistolar.
3º- Quedan desafectados de otorgar cualquier tipo de obsequio. Ocupandose de esta labor, cada progenitor de todas las casas de familia que existan, sobre la faz de la tierra, sustituyéndolos y manteniendo oculta su identidad.
4º- Por ultimo, se condena a los tres reyes magos a la pena del anonimato absoluto hasta el fin de los tiempos.
Dicen que la venganza es un plato que se come frió. Es probable esa aseveración, pero no han dicho que solo un plato no sacia a nadie, se necesita un banquete para eso. Y mi espíritu siempre ha sido bacanal.
Ahora voy por vos, por aquel autito a control remoto que nunca me dejaste en el árbol. Te sugiero que busques un mejor escondite que el polo norte, maldito Papá Noel.

Juicio a los Reyes Magos

El 16 de marzo de 2002, a pocos días de finalizada la feria judicial y a un año de haber asumido como juez de la nación, cobre venganza sobre estos tres tipos. En nombre de miles de chicos damnificados durante siglos y en nombre de mi rencor, el pleno uso de mis facultades mentales y por el poder que se me otorgo, no hice justicia, solo me vengue. Pero para comprender el presente y mi ira, debo explicar mi pasado.
El 05 de enero de 1982, ejerciendo mi derecho de niño crédulo y con ilusión, escribí una carta a Melchor, Gaspar y Baltasar, más conocidos por todos, como los reyes magos. En aquella carta, solicitaba expresamente que se me otorgue una bicicleta, de color a elección de los magos, así como también marca y modelo. La misma debía ser entregada a mi nombre, el día 6 de enero del mismo año, por la mañana, en la dirección en la cual residía.
Cumplo en informar, que no solo no se me entrego dicho rodado, si no que a cambio, recibí un par de medias de la tela, que se conocen bajo el nombre de tela toalla, de color bordo.
Este desafortunado hecho, marco mi infancia y el resto de mi vida. Y estoy en posición de aseverar, que dicho daño colapso mi fe.
Lo que no fue colapsada, fue la mala intención, el sadismo y la maldad de estos tres sujetos, ya que esta situación, se reitero en varias oportunidades, hasta llegar a la edad de 12 años, año en el que decidí, por voluntad propia, no escribirles nunca más. Sabiendo que el destino, estaría de mi lado en algún momento, y hoy, es ese momento.
Por lo antes expuesto, declaro a los acusados: rey Melchor, rey Gaspar y rey Baltasar, culpables de los cargos de enriquecimiento ilícito, malversación de fondos, daño moral, emocional y espiritual a millones de niños a lo largo de la historia.
Expresado el veredicto, los condeno a: 1º- Inhabilitación de por vida del titulo de reyes.
2º - Se les prohíbe tener contacto con cualquier persona menor de 10 años, bajo todas las formas existentes, sea visual, táctil y por sobre todo en forma epistolar.
3º- Quedan desafectados de otorgar cualquier tipo de obsequio. Ocupandose de esta labor, cada progenitor de todas las casas de familia que existan, sobre la faz de la tierra, sustituyéndolos y manteniendo oculta su identidad.
4º- Por ultimo, se condena a los tres reyes magos a la pena del anonimato absoluto hasta el fin de los tiempos.
Dicen que la venganza es un plato que se come frió. Es probable esa aseveración, pero no han dicho que solo un plato no sacia a nadie, se necesita un banquete para eso. Y mi espíritu siempre ha sido bacanal.
Ahora voy por vos, por aquel autito a control remoto que nunca me dejaste en el árbol. Te sugiero que busques un mejor escondite que el polo norte, maldito Papá Noel.

viernes, 2 de octubre de 2009

Fantasmas

Grifos que se abrían, picaportes que se movían sin ninguna explicación, golpes inesperados en las ventanas, sensaciones de presencias nocturnas, susurros in entendibles y alguna que otra cosa extraordinaria, eran las que sucedían en mi casa en la década del 80. Por aquel entonces yo era un chico y bastante miedoso, como todo chico. Mi madre afirmaba que era el espíritu de mi padre que merodeaba, quien sabe porque mundo paralelo pero no muy lejano, ya que le permitía acceder a este plano del universo. También, para tranquilizarme, me aseguraba que no debía temerle a estos acontecimientos.
A mí…estas explicaciones no me contentaban en lo mas mínimo, mi miedo estaba por encima de cualquier razón.
Intentamos rezando, negando cada suceso, demostrando indeferencia y hasta se presentaron dos curas a bendecir la casa. Pero nada detenía aquellas anormalidades; Así como tampoco, nada detenía mi miedo.
Al cumplir los 8 años de edad las cosas raras desaparecieron como por arte de magia, así como habían sucedido, dejaron de suceder, como también dejo de someterme el miedo.
Crecí creyendo fehacientemente en fantasmas, estudie, trabaje, tuve muchas novias, me separe de todas ellas, pero siempre creyendo en fantasmas, aunque nunca hubiese visto uno cara a cara.
Me fui poniendo viejo y descubrí que existen espectros aun más temibles que cualquier ruido inexplicable. Estos hacen ruido y nos acompañan casi de por vida. El aspecto de estos espíritus es horroroso, pero lo peor es su perseverancia en nuestro camino. Son tenaces como un deportista buscando la gloria del record. Nos carcomen desde el interior hacia fuera, intentando hacer de nosotros una implosión contundente y absoluta. No conocen la piedad y nos atacan sin misericordia en cualquier momento, no importa el día o el lugar, no importa si estamos solos o en compañía, nada los detiene.
Ni con la parasicología, ni con la ciencia se los puede enterrar, nos exaltan invadiendo nuestros sueños y nos golpean lenta, pero efectivamente.
Lo intente todo y fue inútil. Ni las drogas los hicieron desaparecer.
Anhelo los ruidos de la casa de mi infancia, eran mas condescendientes y me estremecían en menor medida.
Hoy llegando al final del camino, les encontré una falla a estos fantasmas, todo tiene su talón de Aquiles, y yo lo descubrí. Existe solo una manera de vencerlos y mandarlos al otro mundo, al peor de los mundos, al mundo del olvido, y es, dándole la espalda, pase lo que pase bajo ninguna circunstancia, hay que volver la vista atrás, porque es ahí donde adquieren poder. Dando la espalda y poniendo la vista en el horizonte, es la única manera de matar los malos recuerdos para enterrarlos en la tierra del olvido.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Espera

Cuando tenía la edad de 5 años, mi madre me dejaba en la casa de mi madrina Cristina, ya que ella tenía que trabajar y se le facilitaba la tarea si yo me quedaba con alguien que me cuidara. Y yo como niño obediente iba con ganas a lo de mi madrina. Pase muchos fines de semanas en lo de Cristina. El viernes la pasaba bárbaro, jugaba con su hija, la cual me ya me gustaba a esa temprana edad.
El sábado, ya no era tan interesante estar en esa casa, y al llegar las 18 hs aproximadamente, yo comenzaba a extrañar a mi madre y lo peor era que sabia que no vendría a buscarme. Reflotaban en mí, esas esperas diarias a la salida del jardín, en las que tampoco acudía. Siempre era el ultimo en ser retirado, hasta que aparecía un vecino que me pasaba a buscar para desilusión mía. Así que estando en la casa de mi madrina, llegada la tarde, y sabiendo de ante mano el resultado, igual me subía al pilar de la entrada a esperar a mi mamá. Pasaba horas ahí hasta que anochecía e indefectiblemente tenía que ingresar a esa casa para cenar. Luego de la cena, mi madrina nos leía un cuento a Lorena, su hija, y a mi. A mi el cuento no me importaba en lo mas mínimo, siempre tenían un final feliz, y yo, precozmente sabia que las historias no siempre terminaban bien, que la realidad, de un niño como yo, discrepaba con la de caperucita.
El domingo comenzaba alrededor de las diez de la mañana y yo, me tomaba mi espera, como una cruzada. Por nada del mundo me bajaría de esa columna, hasta que llegara mi madre. Entonces, como un asceta encabronado, levantaba banderas de mi espera. Lamentable y afortunadamente, debía dejar mi labor para almorzar, pero cinco minutos posteriores a ver terminado el postre, volvía a mi destino, esperar. Miraba hacia ambas direcciones de la calle continuamente, para que ninguna presencia que anduviese deambulando, pasara sin ser detectada por mi radar visual. Al caer una vez mas la tarde, sabia que mi perseverancia tendría obligatoriamente una recompensa, y así era. Ya casi anocheciendo, se asomaba en el horizonte una figura inconfundible, con el paso sereno que llevan los humildes victoriosos, llegaba mi madre. Al verla a lo lejos, mi alma, sin ser conciente de poseer una, se regocijaba de alegría. Solo mi corazón podía soportar tanta emoción, gracias a dios tenia cinco años. Me lanzaba al suelo en caída libre y corría a abrazarla. Una vez en sus brazos comprendía que el universo tenía un propósito, que la vida no era injusta, si no sabia.
Con el tiempo seguí esperando diversas cosas y a distintas personas. Espere el transporte publico, espere un llamado, espere a un amigo, espere a un amor, espere resultados de análisis clínicos, espere ese amor, espere ser feliz, espere no ser tan hijo de puta, espere ser exitoso, espere llorar, espere ser sano, espere un hijo, espere un abrazo, espere morirme y espere un milagro. Así tantas y tantas esperas.
Y al igual que aquella espera que me torturaba de niño, pero de la cual siempre salía victorioso, hoy sigo esperando, sigo esperando tantas, tantas cosas. Que mas puedo hacer que esperar, y poner mi voluntad de acción de espera, para que mi espera sea prospera.
La espera es la esperanza, es la fuerza, es la vida en si misma. Los optimistas esperan como también los enfermos terminales. Claro que espero, porque no habría de hacerlo, si no espero, nada tiene sentido, ya que cada término de una espera, sin importar el resultado, revive en mí, aquella sensación y convicción de que el universo tiene un propósito, un fin.
Dejare de esperar quizás cuando muera, y espero que falte mucho para dicho acontecimiento, por lo pronto, espero, espero que les guste este cuento.

Profecías inversas

Esta es la historia de Ignacio, el del Don. El don ya que tenia la facultad de vaticinar, pero de una manera imperfecta. En realidad imperfecta no es la palabra propicia, de manera inversa, seria correcta. Ya que todo lo que anunciaba, no solo que no se cumplía, si no que se promulgaba todo lo contrario. Si anunciaba lluvia, había sequía, si prometía una muerte, se manifestaba un nacimiento. Cuando lo consultaban por un amor y el veredicto era positivo para el que indagaba, la mujer lo ignoraba para siempre automáticamente. Y así.
El lector intrépido intentara resolver este dilema rápidamente, sugiriendo que se tome por valido el resultado contrario al vaticinio. Pero para Ignacio, no era tan sencillo, el creía en su poder, no en los resultados, pero si en su poder. Y así insistía con pronosticar situaciones que se suscitarán.
Pasada las veinte profecías sin cumplirse de manera correcta, ya nadie le creía. No solo no le creían, si no que se burlaban de el. Pasaba por el bar de la esquina y siempre había alguien que le gritaba algo del estilo de: “Nacho, decime que juegue al 69 así gano con el 96” y se le reían en la cara. Ignacio, miraba hacia el piso mordiéndose los labios y seguía caminando. Y se repetía para si mismo: “Ya van a ver cuando la pegue”.
El tiempo siguió su curso, ya que es lo que acostumbra hacer el tiempo. Y por esos tiempos nadie acudía a Ignacio para consultarlo, ni tampoco nadie escuchaba sus anuncios, se había quedado solo, solo pero siempre creyendo en el. Quien sabe si de porfiado, necio, valiente o fanático. La cuestión es, que quedo en el olvido, en el olvido de los demás, pero en compañía de su convicción. Hasta que un día, siempre llega un día (para comodidad del escritor o por demagogia, o quizás tal vez para creer que nada es para siempre, por suerte) en que Ignacio tuvo una revelación, pero no una como otras, era algo distinto, esto era una premonición como nunca antes había tenido. Al ver las imágenes en su interior, su rostro empalideció, su cuerpo tembló y entro en pánico. Lo primero que atino fue a correr hasta el bar de la esquina, entro rompiendo la armonía de aquel lugar, y grito: ¡En dos horas se termina el mundo! El silencio fue mortífero por un instante, hasta que todos, rompieron en una risa burlona e infinita.
Ignacio agacho la cabeza y retrocedió deprimido, luego opto por respetar su convencimiento, y se resguardó en un viejo sótano de la casa de su abuela.
Luego de dos horas, no quedaba nada del mundo que conocía Ignacio. La devastación y la aniquilación humana fueron totales. Y así, Ignacio se maldijo por no haber podido salvar al mundo, y a la vez se felicito así mismo, por creer siempre en él.

Moraleja, si las hay: Siempre hay que creer en uno mismo, aunque los resultados de nuestro convencimiento, sean al principio opuestos. Siempre, hay que seguir creyendo en nosotros, aunque no podamos salvar al mundo y esto nos obligue a quedarnos, completamente solos.
Ahora los dejos, antes de que Ignacio, decrete que esta historia, será un éxito.

viernes, 18 de septiembre de 2009

El hombre hindú


Todo estaba predispuesto para que realizara aquella tarea. Ya tenía mi vaso de licor, mis cigarrillos, y mi temor. Baje la radio, limpie un poco la pantalla de mi vieja computadora, la luz tenue me alentaba en esta prueba espartana y ahí en frente, tenia una vez mas a la afamada hoja en blanco. Los ladridos de los perros del patio de al lado, me distraían un poco, pero no me iban a detener. Tenia que comenzar mi legado, aquello que me había llevado hasta acá, aquello que me había develado ese hombre, ese único hombre, no se si ficticio o real, aquel hombre Hindú. No tenía mucho tiempo, ya venían por mí, y lo peor era que mis palabras no estaban claras y mis ideas confusas. El tiempo apremiaba, como lo hace ahora y como siempre lo hará. Mientras bebo pierdo tiempo en fumar, y mientras fumo en escribir, pero es mi esencia, perder tiempo, hasta hoy.
Debo ser breve y conciso, lo que tengo para contar me costara la vida, pero llenara a otras vidas de más vida y lejos de mi esta en ser mártir, pero el conocimiento, de una manera u otra, siempre se paga con la vida, propia o ajena, pero vida al fin. Para esto debo retrotraerme en el tiempo, pero no mucho, solo a algunas horas, que fue cuando comprendí todo.
Los hechos hablan por si solos:
10:00 AM: Fue la hora en que desperté el 20 de septiembre de 2006, como todos los días con un dolor terrible de cabeza, debido a todo lo que había consumido la noche anterior, como si eso fuera poco, seguía sin encontrarle sentido a levantarme una vez mas. Pensé entre dormido, intentando darme animo, que para alguien optimista es simple y fácil amanecer, pero para un pesimista como yo, era heroico. Pasado los cinco minutos de incorporarme, ya estaba aburrido y sin saber que hacer. Me sometí a la rutina, la cual era no hacer nada. Fui como pude hasta la heladera para saciar mi sed de aquella resaca infinita. Me aseé, solo por costumbre porque a esta altura me daba lo mismo. No pude desayunar, ya que mi estomago no toleraba nada, por lo menos por unas cuantas horas. No soportaba más mi casa, así que decidí salir al mundo exterior, en realidad no lo decidí, solo me escape de mi mundo interno.
Apenas deje la puerta cerrada tras mi espalda, un viento frió abrigo mi cara, yo lo percibí como algo poco natural, y lo sigo sosteniendo. Comencé a caminar sin saber a donde ir. Note que todo no estaba como de costumbre por la calle. Comencé a pensar una vez más en cambiar mi vida, pensamiento que me duraría hasta que llegara la noche, pero mi masturbación mental era siempre placentera, hasta que el llanto de un nene rompió mi onanismo psíquico. De repente estaba otra vez en la realidad. Trate de escapar otra vez y retomar mis ideas, un gato en un muro me seguía con su mirada, como pidiéndome explicaciones, me perturbo, me incomoda a tal punto que tuve que correr. Tuve que detenerme debido a mi asfixia, mientras recobraba el oxigeno, mire mi reloj, el cual me decía que ya había perdido tres horas de mi vida sin hacer nada. Tuve que entrar en un bar, y no esperar más para beber. Mientras degustaba mi vodka con hielo, intente hacer memoria de la noche anterior, todo era difuso, como recortes de imágenes que a la vez eran recortes de otras. Recordé que había estado con una mujer teniendo sexo, o eso imagine, supongo que lo imagine, porque ella no era nada fea, por el contrario era muy bonita. Hice fuerza por recordar su nombre, pero fue inútil, solo veía su cuerpo desnudo y un poco se su cara. Fue así que desistí de hacer memoria, para ponerme a contemplar mi entorno. En el bar de mala muerte que me encontraba, todos y todo parecía tener un propósito, menos yo. Una vez mas empecé a pensar que hacer con mi vida vacía. Ya me estaba por terminar mi segundo trago y la respuesta era la misma, no sabia que hacer con mi vida, y ese maldito reloj frente a mí, titánico, me castigaba con el ruido del movimiento de sus agujas, con su indefectible continuidad. De pronto marca las 17:00 hs y yo ya no podía hilar una frase sin que se me notara la borrachera. Lo bueno era que no tenía que hablar ni con quien hablar y con solo una seña, el mozo llenaría mi vaso las veces que se lo pidiese. Y así lo hice, y aquel hombre lleno mi vaso. Mi cabeza amenazaba con estallar, de pronto, recordé las palabras de mi analista: “ No piense tanto”, no piense tanto? Me dije en voz alta, que fácil que suena. Sin medir mis movimientos volqué mi vaso, y mientras el mozo intentaba persuadirme para que me retirara…..debo detener mi relato por un momento, ya que golpean a mi puerta, por un instante pensé que eran ellos, pero los que me buscan, no son de las personas a las que le gusta llamar para entrar, son de las personas a las que le gusta golpear pero no a las puertas. Por suerte, era solo un vendedor. Así que prosigo:
El mozo no logro convencerme par que me retirara, y por ende me echaron a los golpes. Tirado sobre la vereda, sangrando boca a bajo, pensé una vez más que no valía nada. Me levante como pude y decidí caminar, como no podía caminar en forma discreta, se me ocurrió ir al cine, y ahí estaría oculto sin que nadie me molestara. Entre al primer cine que encontré para esto ya eran las 18:30 hs, pero la función no comenzaba hasta una hora posterior. Antes de seguir escribiendo, debo ganar tiempo, y asegurar las puertas y ventanas, y servirme mucho más vodka. Llego la hora y entre a la sala, me tropecé al intentar subir las escaleras para ubicarme al fondo de dicha sala. Llegue como pude hasta la ultima fila y ahí lo vi., sentado en medio de toda la fila de asientos, con su túnica blanca y su turbante. La situación me causo mucha gracia, yo estaba totalmente borracho, y me estaba por sentar al lado de un tipo morocho, inmutable, y vestido como un señora grande, así que me reí, como si la locura se apoderara de mi. El público restante, me hizo callar, y yo los insulte. Luego me calme, y me senté del lado izquierdo de aquel hombre que conjeture Hindú. En ese momento no sabía ni que película darían, pero no me importaba, no me importaba nada, solo sentarme y dormir un poco. El hombre hindú solo miraba al frente, como si estuviese en una especie de transe. Yo me acomode como pude, y también miraba la pantalla en blanco. Al instante que me senté, aquel hombre, sin desviar la mirada al frente, me dijo-
La función va a comenzar, pero también va a terminar
Yo lo mire, como preguntando con mi mirada si se dirigía a mi. Pero el no se inmuto. Siguió mirando al frente. Cuando iba a interrogarlo, comenzó la película y decidí callarme. Para mi desconcierto la película me atrapo y cautivo mi atención. Se trataba de un crimen, de alguien que no merecía morir, pero injustamente moría. No se si debido a mi borrachera o a mi sensibilidad llore. Cuando reaccione de mi letargo la película había terminado, la sala estaba con luces tenue y vacía, salvo por aquel hombre sentado a mi lado.
Ahora si ya están aquí, tratando de derribar mi puerta, y lo que es aun peor, intentan derribar mi cruzada. Tengo que ser más veloz. Lo que el aquel hombre me dijo mirándome a los ojos fueron dos palabras, dos palabras que rigen el universo, que son el equilibrio, en estas dos palabras esta la revelación del mundo, de la verdad absoluta, de los propósitos cósmicos. Es demasiado tarde para explicaciones, ya apuntan a mi cabeza a punto de disparar. Si alguien lee esto alguna vez es que aquel hombre tenía razón. Eros y Tanatos fue lo que dijo.