domingo, 20 de septiembre de 2009

Espera

Cuando tenía la edad de 5 años, mi madre me dejaba en la casa de mi madrina Cristina, ya que ella tenía que trabajar y se le facilitaba la tarea si yo me quedaba con alguien que me cuidara. Y yo como niño obediente iba con ganas a lo de mi madrina. Pase muchos fines de semanas en lo de Cristina. El viernes la pasaba bárbaro, jugaba con su hija, la cual me ya me gustaba a esa temprana edad.
El sábado, ya no era tan interesante estar en esa casa, y al llegar las 18 hs aproximadamente, yo comenzaba a extrañar a mi madre y lo peor era que sabia que no vendría a buscarme. Reflotaban en mí, esas esperas diarias a la salida del jardín, en las que tampoco acudía. Siempre era el ultimo en ser retirado, hasta que aparecía un vecino que me pasaba a buscar para desilusión mía. Así que estando en la casa de mi madrina, llegada la tarde, y sabiendo de ante mano el resultado, igual me subía al pilar de la entrada a esperar a mi mamá. Pasaba horas ahí hasta que anochecía e indefectiblemente tenía que ingresar a esa casa para cenar. Luego de la cena, mi madrina nos leía un cuento a Lorena, su hija, y a mi. A mi el cuento no me importaba en lo mas mínimo, siempre tenían un final feliz, y yo, precozmente sabia que las historias no siempre terminaban bien, que la realidad, de un niño como yo, discrepaba con la de caperucita.
El domingo comenzaba alrededor de las diez de la mañana y yo, me tomaba mi espera, como una cruzada. Por nada del mundo me bajaría de esa columna, hasta que llegara mi madre. Entonces, como un asceta encabronado, levantaba banderas de mi espera. Lamentable y afortunadamente, debía dejar mi labor para almorzar, pero cinco minutos posteriores a ver terminado el postre, volvía a mi destino, esperar. Miraba hacia ambas direcciones de la calle continuamente, para que ninguna presencia que anduviese deambulando, pasara sin ser detectada por mi radar visual. Al caer una vez mas la tarde, sabia que mi perseverancia tendría obligatoriamente una recompensa, y así era. Ya casi anocheciendo, se asomaba en el horizonte una figura inconfundible, con el paso sereno que llevan los humildes victoriosos, llegaba mi madre. Al verla a lo lejos, mi alma, sin ser conciente de poseer una, se regocijaba de alegría. Solo mi corazón podía soportar tanta emoción, gracias a dios tenia cinco años. Me lanzaba al suelo en caída libre y corría a abrazarla. Una vez en sus brazos comprendía que el universo tenía un propósito, que la vida no era injusta, si no sabia.
Con el tiempo seguí esperando diversas cosas y a distintas personas. Espere el transporte publico, espere un llamado, espere a un amigo, espere a un amor, espere resultados de análisis clínicos, espere ese amor, espere ser feliz, espere no ser tan hijo de puta, espere ser exitoso, espere llorar, espere ser sano, espere un hijo, espere un abrazo, espere morirme y espere un milagro. Así tantas y tantas esperas.
Y al igual que aquella espera que me torturaba de niño, pero de la cual siempre salía victorioso, hoy sigo esperando, sigo esperando tantas, tantas cosas. Que mas puedo hacer que esperar, y poner mi voluntad de acción de espera, para que mi espera sea prospera.
La espera es la esperanza, es la fuerza, es la vida en si misma. Los optimistas esperan como también los enfermos terminales. Claro que espero, porque no habría de hacerlo, si no espero, nada tiene sentido, ya que cada término de una espera, sin importar el resultado, revive en mí, aquella sensación y convicción de que el universo tiene un propósito, un fin.
Dejare de esperar quizás cuando muera, y espero que falte mucho para dicho acontecimiento, por lo pronto, espero, espero que les guste este cuento.

Profecías inversas

Esta es la historia de Ignacio, el del Don. El don ya que tenia la facultad de vaticinar, pero de una manera imperfecta. En realidad imperfecta no es la palabra propicia, de manera inversa, seria correcta. Ya que todo lo que anunciaba, no solo que no se cumplía, si no que se promulgaba todo lo contrario. Si anunciaba lluvia, había sequía, si prometía una muerte, se manifestaba un nacimiento. Cuando lo consultaban por un amor y el veredicto era positivo para el que indagaba, la mujer lo ignoraba para siempre automáticamente. Y así.
El lector intrépido intentara resolver este dilema rápidamente, sugiriendo que se tome por valido el resultado contrario al vaticinio. Pero para Ignacio, no era tan sencillo, el creía en su poder, no en los resultados, pero si en su poder. Y así insistía con pronosticar situaciones que se suscitarán.
Pasada las veinte profecías sin cumplirse de manera correcta, ya nadie le creía. No solo no le creían, si no que se burlaban de el. Pasaba por el bar de la esquina y siempre había alguien que le gritaba algo del estilo de: “Nacho, decime que juegue al 69 así gano con el 96” y se le reían en la cara. Ignacio, miraba hacia el piso mordiéndose los labios y seguía caminando. Y se repetía para si mismo: “Ya van a ver cuando la pegue”.
El tiempo siguió su curso, ya que es lo que acostumbra hacer el tiempo. Y por esos tiempos nadie acudía a Ignacio para consultarlo, ni tampoco nadie escuchaba sus anuncios, se había quedado solo, solo pero siempre creyendo en el. Quien sabe si de porfiado, necio, valiente o fanático. La cuestión es, que quedo en el olvido, en el olvido de los demás, pero en compañía de su convicción. Hasta que un día, siempre llega un día (para comodidad del escritor o por demagogia, o quizás tal vez para creer que nada es para siempre, por suerte) en que Ignacio tuvo una revelación, pero no una como otras, era algo distinto, esto era una premonición como nunca antes había tenido. Al ver las imágenes en su interior, su rostro empalideció, su cuerpo tembló y entro en pánico. Lo primero que atino fue a correr hasta el bar de la esquina, entro rompiendo la armonía de aquel lugar, y grito: ¡En dos horas se termina el mundo! El silencio fue mortífero por un instante, hasta que todos, rompieron en una risa burlona e infinita.
Ignacio agacho la cabeza y retrocedió deprimido, luego opto por respetar su convencimiento, y se resguardó en un viejo sótano de la casa de su abuela.
Luego de dos horas, no quedaba nada del mundo que conocía Ignacio. La devastación y la aniquilación humana fueron totales. Y así, Ignacio se maldijo por no haber podido salvar al mundo, y a la vez se felicito así mismo, por creer siempre en él.

Moraleja, si las hay: Siempre hay que creer en uno mismo, aunque los resultados de nuestro convencimiento, sean al principio opuestos. Siempre, hay que seguir creyendo en nosotros, aunque no podamos salvar al mundo y esto nos obligue a quedarnos, completamente solos.
Ahora los dejos, antes de que Ignacio, decrete que esta historia, será un éxito.

viernes, 18 de septiembre de 2009

El hombre hindú


Todo estaba predispuesto para que realizara aquella tarea. Ya tenía mi vaso de licor, mis cigarrillos, y mi temor. Baje la radio, limpie un poco la pantalla de mi vieja computadora, la luz tenue me alentaba en esta prueba espartana y ahí en frente, tenia una vez mas a la afamada hoja en blanco. Los ladridos de los perros del patio de al lado, me distraían un poco, pero no me iban a detener. Tenia que comenzar mi legado, aquello que me había llevado hasta acá, aquello que me había develado ese hombre, ese único hombre, no se si ficticio o real, aquel hombre Hindú. No tenía mucho tiempo, ya venían por mí, y lo peor era que mis palabras no estaban claras y mis ideas confusas. El tiempo apremiaba, como lo hace ahora y como siempre lo hará. Mientras bebo pierdo tiempo en fumar, y mientras fumo en escribir, pero es mi esencia, perder tiempo, hasta hoy.
Debo ser breve y conciso, lo que tengo para contar me costara la vida, pero llenara a otras vidas de más vida y lejos de mi esta en ser mártir, pero el conocimiento, de una manera u otra, siempre se paga con la vida, propia o ajena, pero vida al fin. Para esto debo retrotraerme en el tiempo, pero no mucho, solo a algunas horas, que fue cuando comprendí todo.
Los hechos hablan por si solos:
10:00 AM: Fue la hora en que desperté el 20 de septiembre de 2006, como todos los días con un dolor terrible de cabeza, debido a todo lo que había consumido la noche anterior, como si eso fuera poco, seguía sin encontrarle sentido a levantarme una vez mas. Pensé entre dormido, intentando darme animo, que para alguien optimista es simple y fácil amanecer, pero para un pesimista como yo, era heroico. Pasado los cinco minutos de incorporarme, ya estaba aburrido y sin saber que hacer. Me sometí a la rutina, la cual era no hacer nada. Fui como pude hasta la heladera para saciar mi sed de aquella resaca infinita. Me aseé, solo por costumbre porque a esta altura me daba lo mismo. No pude desayunar, ya que mi estomago no toleraba nada, por lo menos por unas cuantas horas. No soportaba más mi casa, así que decidí salir al mundo exterior, en realidad no lo decidí, solo me escape de mi mundo interno.
Apenas deje la puerta cerrada tras mi espalda, un viento frió abrigo mi cara, yo lo percibí como algo poco natural, y lo sigo sosteniendo. Comencé a caminar sin saber a donde ir. Note que todo no estaba como de costumbre por la calle. Comencé a pensar una vez más en cambiar mi vida, pensamiento que me duraría hasta que llegara la noche, pero mi masturbación mental era siempre placentera, hasta que el llanto de un nene rompió mi onanismo psíquico. De repente estaba otra vez en la realidad. Trate de escapar otra vez y retomar mis ideas, un gato en un muro me seguía con su mirada, como pidiéndome explicaciones, me perturbo, me incomoda a tal punto que tuve que correr. Tuve que detenerme debido a mi asfixia, mientras recobraba el oxigeno, mire mi reloj, el cual me decía que ya había perdido tres horas de mi vida sin hacer nada. Tuve que entrar en un bar, y no esperar más para beber. Mientras degustaba mi vodka con hielo, intente hacer memoria de la noche anterior, todo era difuso, como recortes de imágenes que a la vez eran recortes de otras. Recordé que había estado con una mujer teniendo sexo, o eso imagine, supongo que lo imagine, porque ella no era nada fea, por el contrario era muy bonita. Hice fuerza por recordar su nombre, pero fue inútil, solo veía su cuerpo desnudo y un poco se su cara. Fue así que desistí de hacer memoria, para ponerme a contemplar mi entorno. En el bar de mala muerte que me encontraba, todos y todo parecía tener un propósito, menos yo. Una vez mas empecé a pensar que hacer con mi vida vacía. Ya me estaba por terminar mi segundo trago y la respuesta era la misma, no sabia que hacer con mi vida, y ese maldito reloj frente a mí, titánico, me castigaba con el ruido del movimiento de sus agujas, con su indefectible continuidad. De pronto marca las 17:00 hs y yo ya no podía hilar una frase sin que se me notara la borrachera. Lo bueno era que no tenía que hablar ni con quien hablar y con solo una seña, el mozo llenaría mi vaso las veces que se lo pidiese. Y así lo hice, y aquel hombre lleno mi vaso. Mi cabeza amenazaba con estallar, de pronto, recordé las palabras de mi analista: “ No piense tanto”, no piense tanto? Me dije en voz alta, que fácil que suena. Sin medir mis movimientos volqué mi vaso, y mientras el mozo intentaba persuadirme para que me retirara…..debo detener mi relato por un momento, ya que golpean a mi puerta, por un instante pensé que eran ellos, pero los que me buscan, no son de las personas a las que le gusta llamar para entrar, son de las personas a las que le gusta golpear pero no a las puertas. Por suerte, era solo un vendedor. Así que prosigo:
El mozo no logro convencerme par que me retirara, y por ende me echaron a los golpes. Tirado sobre la vereda, sangrando boca a bajo, pensé una vez más que no valía nada. Me levante como pude y decidí caminar, como no podía caminar en forma discreta, se me ocurrió ir al cine, y ahí estaría oculto sin que nadie me molestara. Entre al primer cine que encontré para esto ya eran las 18:30 hs, pero la función no comenzaba hasta una hora posterior. Antes de seguir escribiendo, debo ganar tiempo, y asegurar las puertas y ventanas, y servirme mucho más vodka. Llego la hora y entre a la sala, me tropecé al intentar subir las escaleras para ubicarme al fondo de dicha sala. Llegue como pude hasta la ultima fila y ahí lo vi., sentado en medio de toda la fila de asientos, con su túnica blanca y su turbante. La situación me causo mucha gracia, yo estaba totalmente borracho, y me estaba por sentar al lado de un tipo morocho, inmutable, y vestido como un señora grande, así que me reí, como si la locura se apoderara de mi. El público restante, me hizo callar, y yo los insulte. Luego me calme, y me senté del lado izquierdo de aquel hombre que conjeture Hindú. En ese momento no sabía ni que película darían, pero no me importaba, no me importaba nada, solo sentarme y dormir un poco. El hombre hindú solo miraba al frente, como si estuviese en una especie de transe. Yo me acomode como pude, y también miraba la pantalla en blanco. Al instante que me senté, aquel hombre, sin desviar la mirada al frente, me dijo-
La función va a comenzar, pero también va a terminar
Yo lo mire, como preguntando con mi mirada si se dirigía a mi. Pero el no se inmuto. Siguió mirando al frente. Cuando iba a interrogarlo, comenzó la película y decidí callarme. Para mi desconcierto la película me atrapo y cautivo mi atención. Se trataba de un crimen, de alguien que no merecía morir, pero injustamente moría. No se si debido a mi borrachera o a mi sensibilidad llore. Cuando reaccione de mi letargo la película había terminado, la sala estaba con luces tenue y vacía, salvo por aquel hombre sentado a mi lado.
Ahora si ya están aquí, tratando de derribar mi puerta, y lo que es aun peor, intentan derribar mi cruzada. Tengo que ser más veloz. Lo que el aquel hombre me dijo mirándome a los ojos fueron dos palabras, dos palabras que rigen el universo, que son el equilibrio, en estas dos palabras esta la revelación del mundo, de la verdad absoluta, de los propósitos cósmicos. Es demasiado tarde para explicaciones, ya apuntan a mi cabeza a punto de disparar. Si alguien lee esto alguna vez es que aquel hombre tenía razón. Eros y Tanatos fue lo que dijo.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Encuentro

Aquella noche era oscura por demás, no muy fría pero si oscura.
El se presentó rompiendo el silencio que prevalecía en el lugar, sus pasos comenzaron a oírse a corta distancia, cuando mi conciencia dictaminó que había llegado el momento y venia por mí. El tiempo se había acabado, incliné mi cabeza y me entregue por completo. Solo por un instante tuve curiosidad por ver su rostro y entre asombrado y confundido, me decepcioné, porque no era por quien yo aguardaba. Este se sentó a mi mesa, centro su mirada en la mía, y pregunto en voz baja
- ¿Sabes quien soy?
- No – respondí con vos indiferente

Y le hice notar mi indiferencia por saberlo desviando la mirada. Lo mire fijo y le informe que estaba esperando a otra persona. Y el replico
- Tu espera es en vano, hoy nadie vendrá, a excepción de mi – y continuo
- Por otra parte es lógico que no me conozcas, porque jamás me has visto antes, salvo por pequeños instantes de la vida, pero muy ínfimos como para que me recuerdes. Yo soy aquel que todos persiguen desde que nada existía en la tierra hasta estos días, soy el algunos no conocerán nunca, soy el que otros atribuyen conocerme y jamás lo hicieron, soy también el que acompaña a personas desde que nacen y soy aquel por los que otros muchos mueren.
Soy todo estos y muchos más, pero no soy el que hoy esperas y no vendrá.
Yo seguía confundido, no entendía por que este extraño me daba toda esta información, y pregunte
-¿Qué quieres de mí?, acaso eres…..la felicidad?
- No, no te equivoques como tantos, ella es mi amiga, yo soy….un nexo, para poder llegar a ella pero,… siempre hay un pero, si me alejo, puedo hacer que jamás la tengas en frente. De ahora en mas me buscaras por cielo y tierra, pero debo advertirte, cuidado con los caminos que escoges para llegar a mi, si optas por trechos cómodos y placenteros es probable que te topes con impostores, pero si eres sabio para elegir el sendero, es probable que nos encontremos con frecuencia.- sin dejarme respirar, siguió hablando
- Eres tan predecible que si te rehúsas a ir en mi búsquedas, te quedaras esperando a la ausencia de hoy, el hombre de las sombras, y el no se hará negar dos veces-
Sin dar pausa, se levanto, comenzó a alejarse de a poco y sus pasos dejaron de romper el silencio que prevalecía. Entonces yo también me levante y comencé a seguirlo, antes de que llegara aquel que una vez espere con ganas, porque supe que por mas no lo esperase, el me encontraría mas tarde o mas temprano, cuando fuera el momento. Así como yo perseguiría por siempre al conocimiento, quizás para jamás encantarlo, y así sentarme agotado de buscarlo en una noche oscura por demás, no muy fría, pero si oscura.



lunes, 7 de septiembre de 2009

Rincon de ilustres

La siguiente publicación es un prestamo de una poeta Argentina. Ariana Figueroa, que me convido con el siguiente poema, el cual disfrute y agradesco. Espero les guste.


Te vi aparecer y me deslumbré,
Te conocí y me enamoré
Pasé momentos inolvidables,
Irrepetibles, únicos, mágicos
Quisiera ser como el viento y poder acariciarte
Como el agua para cubrirte el cuerpo
Quisiera viajar a tu lado y que soñemos juntos
Ver el amanecer abrazados y que el sol nos
Ilumine y ver tu rostro y decirte te amo
Quisiera tener el poder de enamorarte
Y que descubras que me amas locamente
Quisiera poder decirte con un susurro
Que te amo y te necesito cada día más
Quisiera mirarte a los ojos y saber que me amas
Besarte a los labios y sentir tu pasión y la mía
Y amarnos, querernos, sentirnos….


Hasta que te fuiste, pasaste esa puerta
Y no te vi nunca más,
Lloré un mar de lágrimas por vos,
Creí que nunca más nadie me iba
A poder hacerte olvidar, pero un
Día me enamoré, viví de nuevo
Y cuando menos lo esperaba,
De nuevo te vi aparecer y me deslumbre
Como aquella primera vez, pero
Ese día decidí seguir mi camino.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Inevitable (Confesión 20/05/01999)

Entonces, como si fuese invevitable, aquella tediosa situación vuelva a intalarse hasta apoderarse completamente de mi ser.
Dejándome perplejo frente a la realidad, y es ahi cuando siento que la sensación de seguridad me abandona, se bifurca de mi cuerpo, para dar paso al peor de los males o quizás al bien mas preciado de la humanidad. La duda.
Es ella quien me golpea lenta pero en forma efectiva, sin darme oportunidad de defensa alguna. Cansada ya de torturarme opta por cesar con su flagelo, dandole espacio al despreciado: DESCONCIERTO