viernes, 18 de septiembre de 2009

El hombre hindú


Todo estaba predispuesto para que realizara aquella tarea. Ya tenía mi vaso de licor, mis cigarrillos, y mi temor. Baje la radio, limpie un poco la pantalla de mi vieja computadora, la luz tenue me alentaba en esta prueba espartana y ahí en frente, tenia una vez mas a la afamada hoja en blanco. Los ladridos de los perros del patio de al lado, me distraían un poco, pero no me iban a detener. Tenia que comenzar mi legado, aquello que me había llevado hasta acá, aquello que me había develado ese hombre, ese único hombre, no se si ficticio o real, aquel hombre Hindú. No tenía mucho tiempo, ya venían por mí, y lo peor era que mis palabras no estaban claras y mis ideas confusas. El tiempo apremiaba, como lo hace ahora y como siempre lo hará. Mientras bebo pierdo tiempo en fumar, y mientras fumo en escribir, pero es mi esencia, perder tiempo, hasta hoy.
Debo ser breve y conciso, lo que tengo para contar me costara la vida, pero llenara a otras vidas de más vida y lejos de mi esta en ser mártir, pero el conocimiento, de una manera u otra, siempre se paga con la vida, propia o ajena, pero vida al fin. Para esto debo retrotraerme en el tiempo, pero no mucho, solo a algunas horas, que fue cuando comprendí todo.
Los hechos hablan por si solos:
10:00 AM: Fue la hora en que desperté el 20 de septiembre de 2006, como todos los días con un dolor terrible de cabeza, debido a todo lo que había consumido la noche anterior, como si eso fuera poco, seguía sin encontrarle sentido a levantarme una vez mas. Pensé entre dormido, intentando darme animo, que para alguien optimista es simple y fácil amanecer, pero para un pesimista como yo, era heroico. Pasado los cinco minutos de incorporarme, ya estaba aburrido y sin saber que hacer. Me sometí a la rutina, la cual era no hacer nada. Fui como pude hasta la heladera para saciar mi sed de aquella resaca infinita. Me aseé, solo por costumbre porque a esta altura me daba lo mismo. No pude desayunar, ya que mi estomago no toleraba nada, por lo menos por unas cuantas horas. No soportaba más mi casa, así que decidí salir al mundo exterior, en realidad no lo decidí, solo me escape de mi mundo interno.
Apenas deje la puerta cerrada tras mi espalda, un viento frió abrigo mi cara, yo lo percibí como algo poco natural, y lo sigo sosteniendo. Comencé a caminar sin saber a donde ir. Note que todo no estaba como de costumbre por la calle. Comencé a pensar una vez más en cambiar mi vida, pensamiento que me duraría hasta que llegara la noche, pero mi masturbación mental era siempre placentera, hasta que el llanto de un nene rompió mi onanismo psíquico. De repente estaba otra vez en la realidad. Trate de escapar otra vez y retomar mis ideas, un gato en un muro me seguía con su mirada, como pidiéndome explicaciones, me perturbo, me incomoda a tal punto que tuve que correr. Tuve que detenerme debido a mi asfixia, mientras recobraba el oxigeno, mire mi reloj, el cual me decía que ya había perdido tres horas de mi vida sin hacer nada. Tuve que entrar en un bar, y no esperar más para beber. Mientras degustaba mi vodka con hielo, intente hacer memoria de la noche anterior, todo era difuso, como recortes de imágenes que a la vez eran recortes de otras. Recordé que había estado con una mujer teniendo sexo, o eso imagine, supongo que lo imagine, porque ella no era nada fea, por el contrario era muy bonita. Hice fuerza por recordar su nombre, pero fue inútil, solo veía su cuerpo desnudo y un poco se su cara. Fue así que desistí de hacer memoria, para ponerme a contemplar mi entorno. En el bar de mala muerte que me encontraba, todos y todo parecía tener un propósito, menos yo. Una vez mas empecé a pensar que hacer con mi vida vacía. Ya me estaba por terminar mi segundo trago y la respuesta era la misma, no sabia que hacer con mi vida, y ese maldito reloj frente a mí, titánico, me castigaba con el ruido del movimiento de sus agujas, con su indefectible continuidad. De pronto marca las 17:00 hs y yo ya no podía hilar una frase sin que se me notara la borrachera. Lo bueno era que no tenía que hablar ni con quien hablar y con solo una seña, el mozo llenaría mi vaso las veces que se lo pidiese. Y así lo hice, y aquel hombre lleno mi vaso. Mi cabeza amenazaba con estallar, de pronto, recordé las palabras de mi analista: “ No piense tanto”, no piense tanto? Me dije en voz alta, que fácil que suena. Sin medir mis movimientos volqué mi vaso, y mientras el mozo intentaba persuadirme para que me retirara…..debo detener mi relato por un momento, ya que golpean a mi puerta, por un instante pensé que eran ellos, pero los que me buscan, no son de las personas a las que le gusta llamar para entrar, son de las personas a las que le gusta golpear pero no a las puertas. Por suerte, era solo un vendedor. Así que prosigo:
El mozo no logro convencerme par que me retirara, y por ende me echaron a los golpes. Tirado sobre la vereda, sangrando boca a bajo, pensé una vez más que no valía nada. Me levante como pude y decidí caminar, como no podía caminar en forma discreta, se me ocurrió ir al cine, y ahí estaría oculto sin que nadie me molestara. Entre al primer cine que encontré para esto ya eran las 18:30 hs, pero la función no comenzaba hasta una hora posterior. Antes de seguir escribiendo, debo ganar tiempo, y asegurar las puertas y ventanas, y servirme mucho más vodka. Llego la hora y entre a la sala, me tropecé al intentar subir las escaleras para ubicarme al fondo de dicha sala. Llegue como pude hasta la ultima fila y ahí lo vi., sentado en medio de toda la fila de asientos, con su túnica blanca y su turbante. La situación me causo mucha gracia, yo estaba totalmente borracho, y me estaba por sentar al lado de un tipo morocho, inmutable, y vestido como un señora grande, así que me reí, como si la locura se apoderara de mi. El público restante, me hizo callar, y yo los insulte. Luego me calme, y me senté del lado izquierdo de aquel hombre que conjeture Hindú. En ese momento no sabía ni que película darían, pero no me importaba, no me importaba nada, solo sentarme y dormir un poco. El hombre hindú solo miraba al frente, como si estuviese en una especie de transe. Yo me acomode como pude, y también miraba la pantalla en blanco. Al instante que me senté, aquel hombre, sin desviar la mirada al frente, me dijo-
La función va a comenzar, pero también va a terminar
Yo lo mire, como preguntando con mi mirada si se dirigía a mi. Pero el no se inmuto. Siguió mirando al frente. Cuando iba a interrogarlo, comenzó la película y decidí callarme. Para mi desconcierto la película me atrapo y cautivo mi atención. Se trataba de un crimen, de alguien que no merecía morir, pero injustamente moría. No se si debido a mi borrachera o a mi sensibilidad llore. Cuando reaccione de mi letargo la película había terminado, la sala estaba con luces tenue y vacía, salvo por aquel hombre sentado a mi lado.
Ahora si ya están aquí, tratando de derribar mi puerta, y lo que es aun peor, intentan derribar mi cruzada. Tengo que ser más veloz. Lo que el aquel hombre me dijo mirándome a los ojos fueron dos palabras, dos palabras que rigen el universo, que son el equilibrio, en estas dos palabras esta la revelación del mundo, de la verdad absoluta, de los propósitos cósmicos. Es demasiado tarde para explicaciones, ya apuntan a mi cabeza a punto de disparar. Si alguien lee esto alguna vez es que aquel hombre tenía razón. Eros y Tanatos fue lo que dijo.

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