lunes, 29 de septiembre de 2008

Angel Gallardo

El reloj marco indefectiblemente las 05:30 de aquel miércoles 18 de junio, un largo día mas comenzaba. Mi amigo Angel, atino a aplastar el despertador, adormecido, se replanteo cinco segundos su vida y la maldijo, hasta que tomo coraje y se incorporo.
Luego de vestirse y asearse, tomo sus pertenencias cotidianas y partió hacia su destino habitual. Llego hasta la estación F..Lacroze, lo cual le consumía cinco minutos de su vida, debido a que su paradero yacía a 200 metros de aquel lugar. Medio atontado por el sueño de aquella mala noche, subió al vagón rebalsado de seres humanos. Revivió su época de rugbier en aquel scrum por ganar posición de aquel tren y se acomodo como pudo pegado a la puerta.
El fin de su camino en aquel subterráneo era siempre el mismo, la terminal L. N. Alem . Después de seis años ya había formulado una estadística del tiempo de llegada, de las probabilidades de defectos del transporte, la cantidad de suspensión anual del servicio, etc. Conocía todas las caras de aquellos rutinarios pasajeros y casi sus vidas intimas. En aquel contexto, su mirada permanecía perdida en muros que se desdibujaban veloces atenuados por la luz de un submundo.
Paso la estación Dorrego y así también paso Malabia, y por ende llegaría Angel Gallardo, y luego Medrano. ….y Angel Gallardo llego, y el tren se detuvo el tiempo estipulado. Siempre lo había atraído aquel lugar por llevar su mismo nombre, pero nunca había tenido oportunidad de conocerlo. Tampoco lo hizo en ese momento, el tren de los “topos” reincido su marcha, y al llegar a su nuevo destino, los altoparlantes anunciaron: “Estación…. Angel Gallardo”….mi amigo, Angel, sonrió por aquel error del locutor, pero no le dio demasiada importancia. Solo miró su reloj. El movimiento de aquel transporte, lo sacudió un segundo. Seis minutos después, el locutor entono el mismo discurso: “Estación Angel Gallardo”, pero mi amigo ya no sonrió. Se asomo rápidamente por la ventana de la puerta y efectivamente, la estación era la anunciada. Pero…tenia que haber una explicación para aquellos equívocos reiterados, se refregó el rostro con sus manos intentando despabilarse, no era lógico, era impensable atravesar tres veces un mismo lugar. Miró a su alrededor con miedo…..y noto que todo era igual a los 15 minutos precedentes, pero no lo convenció, seguro estaba transcurriendo un mal sueño, o el inconsciente se estaría burlando de él. Atino a quedarse inmóvil, paralizado. Miro a los demás pasajeros y todos se mostraban tranquilos, inmutables, como si solo él notara lo que sucedía. Se dio otra oportunidad y en instantes cuando llegara la nueva estación, todo se solucionaría, y quedaría como una estúpida anécdota. Lamentablemente, no fue así………
Al arribar al próximo anden, la endemoniada voz, retumbo en la acústica de aquel tren….Estación….Angel Gallardo. Angel entro en pánico se bajo impulsivamente y corrió buscando una salida a esa locura. Encontró rápidamente las escaleras que lo llevarían al mundo externo, donde podría respirar y tranquilizarse unos minutos. Subió con actitud gimnásticas aquellos escalones, y pudo ver el sol, que lo regocijo. Agitado y atónito, poso sus manos sobre sus rodillas, intentando recuperar el aire, y su destino. Se incorporo y busco desesperado con la vista la interjección de Av. Corrientes y Gallardo. Ubico el cartel, y sintió que la cordura lo abandonaba a pasos agigantados. Aquel cartel indicaba la encrucijada de las calles Angel Gallardo y Angel Gallardo. Su rostro se desfiguraba al notar que los comercios de los alrededores se llaman todos Angel Gallardo. Se acerco miedoso a un kiosco de revistas, intentando preguntar que sucedía. Pero la respuesta precedió a la pregunta. No pudo emitir sonido, antes que el vendedor lo saludara con un cálido: Buen día, Angel, y le extendió la mano para saludarlo, presentándose, Gallardo Angel, que le vendo? Interrogo aquel revistero . Los ojos de mi amigo, mostraron una apertura infinita. Nada tenia lógica, quiso hablar, pero no pudo, balbuceo, hasta que sus cuerdas vocales le respondieron. Y dijo:
Angel – Bue, bue, buen día señor, tengo que llegar a la estación Alem, y estoy medio perdido –
El vendedor lo miro con desconfianza. Vendedor- A donde? Alem?….Ud. no es de por acá no amigo?
Angel- Eh…. si, bueno no, soy nuevo en realidad
Vendedor- Me parece que le tomaron el pelo, le hicieron una broma, porque tal lugar no existe muchacho.
Angel – Como que no existe? Si voy todos los días
Vendedor- No se pase de listo, si tiene ganas de hacer bromas, moleste a otro, yo estoy trabajando
Angel – No, no, disculpe, no lo tome a mal, pero necesito realmente llegar hasta Alem.
Vendedor – Ya le dije que no existe, no insista, hace cuarenta años que tengo mi puesto de revista y jamas oí hablar de ese lugar, si existiese lo conocería, es lógico, no le parece?
Angel se quedo callado un instante y decidió jugar con aquellas reglas de aquella pesadilla.
Angel – Si, si, disculpe, me exprese mal. Sabe quiero ir a la terminal del subte, allá donde termina el recorrido, pero no me acuerdo como se llama la estación.
El vendedor hizo un gesto de obviedad con el rostro.
Vendedor – Ahhh hubiese empezado por ahí, buen hombre – y agrego- A veces parece que las personas no hablamos el mismo idioma – Angel asintió con la cabeza.
Vendedor- Bueno mire es muy fácil, la estación donde termina el subte se llama, Angel Gallardo, y es acá derecho, pero caminando esta medio lejos, igual le explico.
Ve la avenida que esta a mi espalda, esta es Angel Gallardo, agarra todo derecho y son a ver…… y mas o menos sesenta cuadras, cuando llega a Angel Gallardo y Gallardo, va a ver el cartel de la salida del subte, que dice Angel Gallardo, no se puede perder.
Angel lo miraba perdido, insistiendo entender, pero las palabras de aquel hombre, parecían todas iguales, ya a esta altura, había perdido la noción del tiempo, no sabia si este hombre había estado hablando por horas o era todo en un segundo, petrificado, siguió escuchando.
Vendedor- Yo, le aconsejaría que se tome un taxi, de estos nuevos, esa radio taxi nueva, la conoce no? Como se llamaba, esperece..mmmm….sí ya Angel Gallardo, esa, porque los autos son mejores, no como la otra Angel Gallardo que no dan para mas – El monologo del vendedor fue interrumpido por un cliente.
Cliente – Buen día don Angel, me da el diario Gallardo
Vendedor – Como anda don Angel, todo bien? Ya le doy
Cliente – y acá andamos, indignado con la suba de impuestos, yo no lo entiendo a este presidente Gallardo, se le están yendo las cosas de las manos.
Vendedor – Que va ser, nosotros somos de otra época, de la época de Gallardo, ese si que era un líder, y su hijo Angelito?
Cliente: Bien, gracias a Gallardo, ahora se anoto en la universidad Angel Gallardo, quiere ser doctor, se imagina…El doctor Gallardo, espero que llegue, que le debo don Angel?
Vendedor – tres Gallardos con 25, va llegar, es muy capaz Angelito
Cliente – Acá tiene, Gallardo lo escuche. Bueno que tengo buen día don Angel
Vendedor- Igualmente don Angel, hasta luego.
Angel, estaba a punto de desvanecerse, estaba perplejo, sin reacción, las piernas no le respondieron y se desplomo.
Cuando volvió en si…………….. El reloj marco indefectiblemente las 05:30 de aquel miércoles 18 de junio, un largo día mas comenzaba. Mi amigo Angel, atino a aplastar el despertador, adormecido, se replanteo cinco segundos su vida y la maldijo, hasta que tomo coraje y se incorporo……………………..

Hoy hace un año que Angel esta internado en aquel psiquiátrico, todos los miércoles lo voy a visitar y el siempre me cuenta la misma historia con el mismo final, pero hoy lo note distinto, hoy se salió de su repertorio, y en un acto desesperado, me tomo la cara entre sus manos y mirándome fijo a los ojos, me dijo:
Yo no estoy loco!!!, las diferencias no existen!!!!,- Gritó - aunque quieran hacérnoslo creer, todos somos y seremos Angel Gallardo, la repetición es inevitable. Todos hablan de un mismo modo, todos usan la misma ropa, el mismo auto, los mismo gestos, la misma música, los mismos lugares, las mismas historias, los mismos desengaños. Nos inducen a pertenecer, y dejamos de pertenecernos. La muerte de la individualidad es inminente, ni siquiera somos un número. Es peor, somos el mismo número.
Lo abrace fuerte, y le exprese mi cariño. Me despedí y me fui meditando sus palabras, por aquellos pasillos, las cuales me taladraban la mente. Al llegar a la salida, baje las escaleras dejando atrás aquel inmenso cartel que enunciaba…
“Psiquiátrico Angel Gallardo” único, como sus pacientes…………

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