Cuentan los parroquianos de aquel lugar, haberla visto en más de una ocasión. Pero con el tiempo el mito supero a la realidad, o viceversa. Como en cualquier otra circunstancia, la duda era mi enemiga. Nadie me preciso su nombre, pero si todos coincidían en su aspecto, y en los atributos de su figura. La llamaban “Desmesura” por aquel dictamen de los griegos, para los cuales no estaba bien visto, el desequilibrio y aun menos en lo que se refiere a la estética.
Juran que no se podía sostener la mirada más de treinta segundos enfocada hacia ella, nadie podía soportar tanta belleza. Los mas viejos de aquel pueblo, sostienen que gracias a verla solo una vez, les dio sentido a sus vidas. Al recordarla, sus ojos brillaban, sus sonrisas de felicidad, eran enormes, y sus descripciones increíbles.
Así me hablaron:
Verla era como volver a nacer, pero con conciencia, era un despertar con entusiasmo. Su piel era suave, sin tocarla. Sus ojos eran enormes, y del color de la vida, verdes, perfectos. Su cabello, era una muestra divina. Y su cuerpo….su cuerpo era indescriptible, todavía hoy, no se ha inventado un vocablo para adjetivizar, era el caos y el cosmos a la vez. Su andar era la armonía puesta en escena…..
Sin embargo, todos aquellos hombres, no hacían más que beber, y hablar de la desmesura, y fiel a mí, no les creí ni una palabra. Eran solo fabulas de ebrios sin sentidos.
Así es que me retire de aquel oscuro bodegón, volviendo decepcionado, una vez más por no poder creer.
Camine por aquel lugar, desolado, olvidado por la tecnología, nostálgico, y hasta aburrido. Pero algo me detuvo, una fuerza superior a mi, me obligo a quedarme estático, la misma fuerza que me indujo a mirar a mi izquierda. Y a cincuenta metros de mi, la vi., o quise verla, aun no lo se.
No tuve reacción, me gano el estupor, quede atónito, era ella no tengo dudas, todo coincidía, el pelo, la piel, sus, ojos. Mis cuerdas vocales se retorcieron en un intento por hablarle, pero fue en vano. Ella me hizo un gesto, como sabiendo lo que sucedía, de calma, de paz.
Era verdad, no se la podía mirar más de treinta segundos, pero yo lo hice, y no me cambio la vida, termino con ella.
Su belleza hizo que mi cuerpo no lo soportara, pero si le dio sentido a mi vida, y entendí que los griegos tenían razón, la desmesura no es buena amiga, pero que a veces necesaria.
Alfredo de los Angeles
Septiembre 2008
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