lunes, 29 de septiembre de 2008

Una vez mas

Totalmente mojado por la tormenta, me decidí y entre en aquel bar de la Av. Cabildo. Pero un instante previo a mi ingreso, con el picaporte en la mano, volvió a mí esa sensación recurrente, infinita, eterna. Mis manos se mojaron mas, pero de sudor, mi espalda se encorvó un poco mas de lo habitual, mi rostro se acaloro, no lo podía ver, pero tenia la certeza. Mi mirada era discreta y hasta perdida. Una vez mas lo sentía, sentía que algo iba a suceder en aquel lugar, en aquel bar. Me jugué la vida y heroicamente, abrí la puerta. Y finalmente pasó, lo indefectible, lo inevitable, lo prometido por la situación, jurado por el porvenir, lo cual recordaba de memoria. En cuanto apoye mi pie izquierdo, aquellos diez parroquianos, me miraron todos a la vez. Pero yo, yo, ya sabia lo que tenia que hacer, me dije: “Quedate tranquilo, mostrate natural, no pasa nada”. Mostrarme natural era la manera de comportarme lo menos natural posible.
Con valor y estoicamente, atravesé el camino que se definía entre las mesas de aquel campo minado por ojos inyectados en mi persona.
Elegir una mesa en dicha situación, no es accesible para el ser humano, o al menos para mí. Simule que me gustaba una en particular, pero en realidad era lo mismo cualquiera. Una vez ubicado, ya tenia la gran parte de la batalla ganada, las miradas no habían impedido mi ingreso, y una vez mas, nacía la esperanza de que algo mágico sucedería, algún suceso que cambiaría mi vida en un instante, buscar el amor de mi vida, y hasta acontecer que lo encontrase, conocer una personalidad extraordinaria, que me llegara la paz interior, que pueda vaticinar mi destino, comprender a la especie humana, formular una teoría, tomar conciencia que era especial….. Un segundo mas tarde, el mozo interrumpió mi monologo interno, cuestionándome que iba a consumir, le dije que un whisky estaba bien sin demasiadas pretensiones. Volví a hacer una recorrida visual del lugar y de sus habitantes transitorios y ninguno me pareció interesante, excepto por aquella mujer sentada en diagonal a mí ubicación y lo más importante…estaba sola. Mi ansiedad crecía a pasos agigantados, esta vez, la fe me invadía, me atropellaba y llenaba mi cuerpo. Intente disimular, para no mirarla, pero fue inútil, la observe de principio a fin. Su pelo cobrizo caía, por los laterales de sus lentes, sus manos tomaban con firmeza aquel libro, del cual nunca pude saber el titulo. Su cuerpo debió ser cincelado por Seus. Llego mi whisky y lo bebí inmediatamente, necesitaba tranquilizarme y no encontré otro modo. Su indiferencia era notable. Empece a comportarme como que no estaba a la deriva, que estaba seguro, como si supiese lo que quería, como un hombre ocupado, que estaba relajándose después de un largo y complicado día, nada mas alejado, pero nadie lo sabía, solo yo.
Ya habían transcurrido una hora de mi ingreso y decidí pedir otro whisky. Ella seguía concentrada en la lectura como ni yo ni nadie estuviese a su alrededor. Con un espíritu mas aguerrido y con mas valentía que nunca que me había proporcionado mi “amigo” Jack Daniel, resolví sostener mi mirada hacia ella, pase lo que pase. Había pasado un minuto eterno de mi actitud, me sentía Heracles en una de sus famosas pruebas, sabia que era difícil, pero tenia a la diosa Nike de mi lado, como mi amado Heracles, nada ni nadie podía destruirme, era inevitable, salvo por el muro imaginario que nos separaba, lo que me hacia dudar, mil veces por segundo si tenia que deponer mi postura, pero había algo dentro de mi que hacía caso omiso a la no- reacción y seguí adelante. Allá por los tres minutos, hubo un movimiento, mis manos volvieron a humedecerse, mi rostro era una caldera, era el momento esperado, era el motivo que me había trasladado a ese lugar en ese preciso momento, pero para mi desazón, su reacción de movimiento era un efecto, una reacción a un estruendo que correspondía a un maldito trueno. Pero la desilusión se transformo en adversidad y la adversidad en orgullo, esta batalla no la iba a abandonar por ninguna razón posible. Pedí otro whisky elevando la voz, para hacerme notar, pero ella era un iceberg. No me importaba, ya nada me importaba, en algún momento iba a notar mi presencia, tenia que hacerlo, era necesario para equilibrar el universo, para que todo fuese mas justo, para que no ganaran siempre los mismos. Volví a mi estrategia, centre mis ojos en su rostro inclinado y no había posibilidad de abandono alguno. A la mitad de hora de haber retomado mi cruzada, giro su visión, y yo estuve incluido en lo que vio, pero no fue suficiente….solo quería pedir la cuenta. Me mal entoné, y clave mis dagas visuales, mas profundas que nunca, era mi ultima oportunidad, la fe se desvanecía como el humo de mi cigarrillo. El tiempo se detenía, afuera llovía con mas fuerza, pero nada la detuvo, ni el tiempo ni la lluvia, ni la fe, ni los milagros, “nada le importó”, pago, se despidió, tomo sus efectos personales, y partió, y así partió a mi ser como si nada, como si no existiese, y sentí una vez mas que no existía, que solo existía para mi, para mi humilde razón y ser……….
Las probabilidades de verla nuevamente eran ínfimas, así que desistí en mi prematuro anhelo. Me pedí un cuarto whisky pero no lo ingerí. Mi alma estaba herida, mi espíritu bifurcado, mi cuerpo no comprendía, estaba entumecido. Mi razón me dictaminó que efectivamente, yo no era el que no existía si que dios no existía, y si existía era un sádico, un mercenario, un manipulador, un psicópata, así que era conveniente que eliminara la idea de dios.
Ya estaba seguro que no conocería el amor en aquel bodegón, me quedaba el resto, si es que algo quedaba. Me quedaba medio deseo de que algo me sucediese, el amor no, pero algo me tenia que llevar, alguna anécdota, alguna situación que cause gracia, pero no. Cuando quise acordarme, ya nadie yacía en aquel bar de la Av. Cabildo, solo el mozo y aquel tipo de mirada oscura detrás de la barra.
En definitiva, todo pudo pasar en aquel lugar, como cada vez que ingreso en un bar, pero paso lo de siempre…..no paso nada. Nada se me revelo, nada me hizo cambiar mi vida, nada me conmovió, nada me hizo irritar, nada me mato nada de nada.
Hoy, cinco años posteriores, de aquella mujer de cabello cobrizo, sigo abriendo puertas de bares, esperando que algo me pase, y sigo esperando verla, no sé si a ella, pero a alguien que me devuelva la mirada. Si, si, cada vez que abro la puerta todo puede acontecer, todo esta por nacer, todo esta por venir, todo es posible, hasta lo impensable…menos que mis manos no se suden y que mi ansiedad me irrumpa, esto ultimo es un hecho, como un hecho es que el porvenir promete y el pasado desmiente, todo puede pasar una vez mas, pero una vez más, nada pasa.

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